Las ostras no sólo son un placer que comemos por docenas y de mil formas. Son también una herramienta fundamental para preservar el medio ambiente marino. Por desgracia, van camino de la extinción, y al día de hoy sólo queda en pie el 85% de los arrecifes de estos animales y de sus parientes cercanos.
Según un reporte que acaba de dar a conocer la organización The Nature Conservancy, entre los servicios ambientales que los bivalvos (así se llaman los animales con dos conchas) nos proporcionan está que filtran las partículas suspendidas en el agua, aclarándola y permitiendo que crezcan las algas; remueven el exceso de nutrientes, evitando, por ejemplo, que surjan zonas muertas en el agua; son rompeolas naturales, y atraen a los turistas, que buscan comerlas con limón o nadar entre ellas, porque son refugios naturales de peces.
The Nature Conservancy reconoce que sus datos son bastante conservadores y que siempre redondearon las cifras al alza, pero el panorama que presentan sobre la situación de los arrecifes es devastadora. Según ellos, de las 144 bahías en 40 regiones ecológicas que examinaron, la situación es por lo menos pobre (ha desaparecido entre un 60 y un 89% de los arrecifes de ostras del lugar). Además, en la mayoría de los lugares donde antes había ostras hoy apenas las hay a nivel individual. Su conclusión es que hoy en día apenas queda una por cada diez ostras que había antes.
La organización propone varias medidas para protegerlas, que no son excesivamente caras y que son posibles. Incluyen:
- Mejorar la protección de los arrecifes sanos con áreas naturales protegidas en el mar, además de impulsar su catalogación como arrecifes de importancia internacional Ramsar.
- Restaurar lo perdido. Deben establecerse metas de recuperación a escala nacional, además de eliminar incentivos que privilegian su extinción.
- Un manejo sustentable de su pesca. Debe suspenderse la captura de ostras en lugares con menos de un 1% de supervivencia de la población original, debe garantizarse que en el Golfo de México, que es el último lugar del mundo donde será posible un trabajo de recuperación exitoso al 100%.
- Frenarse la llegada de especies invasoras, desde nuevas especies de ostras hasta especies depredadoras o que alteran el entorno.
- Deberá también garantizarse la buena calidad del agua. Las ostras y los bivalvos son excelentes indicadores de qué tan mal o bien está el mar, porque son muy sensibles a ligeros cambios en él. Por tanto, si el mar está en buenas condiciones, las poblaciones de ostras también.
Nos queda por delante una tarea deliciosa: hay que seguir comiendo ostras para incentivar su cultivo y la restauración de sus poblaciones pero, donde se pueda, comprar ostras pescadas en forma sustentable -sin excesos, con respeto a las especies vecinas, sin contaminar. Podemos también presionar a los gobiernos para que se multipliquen las reservas marinas y se impulsen políticas públicas para su aprovechamiento en buena forma.
Privarnos de un manjar como ése sería una lástima. ¡Provecho!

En el Golfo de México, desde el delta del Mississippi, en el estado al que el río da nombre, y hasta Texas, hay una “


